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Ideas Liberadas

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21 may. 2013

Hoy no voy a hablar de cine, ni de música, ni de literatura, aunque en el fondo, si puedo hablar de todo eso es gracias al ejemplo de un ser extraordinario, que me lo inculcó y enseñó a amar. Mi padre.

Mi padre nació un día como hoy, hace 55 años, en una familia humilde, de personas trabajadoras y honradas… Era un aventurero y deseaba conocer ante todo, le encantaba aprender cosas, aunque nunca fue un gran estudiante, hasta que creció y se dio cuenta de que todo en esta vida es aprender. Era un rebelde con o sin causa, que defendía sus ideales y vivió la transición como un joven inconformista, de hecho, estuvo alguna vez en un calabozo por defender a uno de sus hermanos, cosa que nos contaba como una anécdota. Cuando hizo la mili, descubrió que ese inconformismo se convirtió en horas y horas de pelar patatas, allí conoció a gente a la que con los años convirtió en parte de su vida, casi como hermanos. También descubrió que cocinaba de muerte, cosa que siempre ha sido un orgullo para todos los que le conocimos. Después encontró a una mujer, que lo único bueno que le dio (o quiero pensar que así fue) fuimos dos niñas que con más o menos disgustos, nos convertimos en su todo, y cumplió en mí lo que prometió de joven: que si algún día tenía una hija, la llamaría Libertad.

Personalmente, mi padre era mi héroe. Cocinaba, planchaba, pero sobre todo, me daba muchísimo amor. Las acampadas en pleno bosque con mi padre eran una aventura sólo nuestra, hasta que después se unió mi hermana pequeña, con él comí serpiente, pesqué cangrejos de río y descubrí la espeleología y la escalada (con 8 mesecitos ya me estaba metiendo en cuevas, algunos dirán que era un inconsciente, yo digo que era un alma libre y aventurera). Recuerdo cuando mi abuela nos contaba que se iba un viernes y llamaba tal que un miércoles desde a saber dónde, diciendo que volvería haciendo autostop, una joyita. Pasábamos horas colgados de la radio, donde tenía amigos a montones (creo recordar que su nombre en clave era “rulos”, aunque no lo recuerdo muy bien), así que era un pionero en todo lo nuevo, no le daba miedo descubrir o pedir ayuda para aprender nuevos idiomas, nuevas tecnologías o lo que cayera en sus manos, además, no sentía ninguna vergüenza para preguntar, cosa que le honraba. Recuerdo cómo me grababa con la super-8 de pequeña (de lo que no tengo más que eso, recuerdos).
Después de mucho luchar contra la sociedad y las leyes, que le impedían que mi hermana y yo estuviéramos bajo su tutela absoluta (hasta fue parte de una asociación de padres divorciados, saliendo en programas de televisión, radio y revistas) consiguió que la patria potestad recayera sobre él. Fue un gran luchador. En estos años se enamoró de una chica, con la que después de mucho luchar por su libertad, se casó y que le dio su tercera hija, y como le decíamos siempre, “sólo sabes hacer niñas, pero las haces muy bien”. Si algo podemos decir de él es que era una esponja de información, y se atrevía con todo.

Él me descubrió Pink Floyd, Strauss y otros grandes, yo le descubrí Ska-p y Mago de öz, que le acompañaban en todos los viajes (le encantaba!), porque si algo hacía mi padre era luchar por nosotras, y eso le llevó a tener que trabajar lejos de casa en muchas ocasiones, cosa que le hacía viajar para ir y venir, y estar siempre cerca. Su animal favorito siempre fue el lobo ibérico, y es que en el fondo creo que así se sentía, un poco como un lobo solitario. Él me descubrió el amor por la lectura y las incontables horas de viajes enseñándome la geografía de España (cosa que en su momento me desesperaba, porque la geografía no era mi fuerte, hasta que lo fue), y de las incontables respuestas a las incontables preguntas sobre las señales de tráfico y todo lo que era para mí un misterio, él lo sabía casi todo, y si no, acudía a algún libro, porque como él decía “todo está en los libros”, yo, a cambio, le descubrí el mundo informático, (aunque él siempre fue autodidacta, para mi desesperación en este campo) y algunas lecturas, como Harry Potter, que disfrutó como el que más, y luego discutía con nosotras por el turno para leer el último libro…
Mi padre siempre le encantaba decir al mundo que era un “Del Castillo”, apellido materno del que se sentía profundamente orgulloso, hasta tal punto de crear un grupo en Facebook, porque sí, el mío era un padre moderno, con blackberry, whatsapp y Facebook. Su momento de felicidad “friky” fue cuando viajó de vacaciones a Disneyland por la comunión de mi hermana pequeña,( aunque en el fondo, creo que fue su viaje soñado, más para él que para nadie), y se hizo una foto con “su héroe” Goofy (la foto que os pongo en este post). Lo que más me gustaba de él era su forma de ser, luchador, fuerte y “echao’ pa’ lante”, pero también bueno y cariñoso. Aunque en sus últimos años creo que es cuando más apagado le vi, por las constantes presiones que sufría, era un verdadero placer verle reír, con esa risa contagiosa a lo Goofy (quizás por eso le gustaba tanto), sobre todo, cuando compartíamos esa afición que pocos comprendían: ver películas de humor, comedia o de simple humor absurdo, aún recuerdo su risa con la famosa frase de “El otro lado de la cama” que repetía hasta la saciedad “El niño melón….”.

Era un gran amigo de sus amigos, y de los que no, también. A mi marido le trató siempre con un punto de complicidad que sólo ellos compartían, y es que te hacía parte de su vida, te lo entregaba todo sin condiciones, y así le pasaba, como a mí, que se la daban con queso a la primera de cambio. Tenía sus defectos, como todo hijo de vecino, pero eso no significaba que no los conociera y asumiera, aunque le costara, porque también cabezota era un rato, eso lo he heredado yo, lo bueno, como el tesón y lo malo, la cabezonería. Intentó sacarse el carné de electricista, ya que aunque les daba mil vueltas a los profesores y a sus más de 30 años de experiencia, no tenía una titulación oficial, y eso le cerraba muchas puertas, pero se achantó? No! Se fue al instituto a sacárselo, lo malo fue que los horarios finalmente fueron incompatibles con su trabajo y no pudo terminar. Y gracias a ese incansable afán por aprender, decidió aprender a hacer fotos. Nos tenía locas con sus fotos a las florecitas, a las nubes, a los pájaros… y sobre todo, cuando tardaba más de 10 minutos en colocar, enfocar y obturar para sacarnos la mejor foto de recuerdo, tanto, que cuando terminaba siempre salíamos mal, porque se nos habían cansado las mejillas de aguantar la sonrisa. Pero había que reconocer que esa pasión nos dejó grandes momentos y no menos grandes fotos.

Otra de sus pasiones fue el pueblo al que siempre vamos a pasar los pocos momentos que la vida en la gran ciudad nos deja. La Cañada era para él su refugio, su pequeño reducto de descanso y felicidad. Le encantaba andar por el monte, buscar cosas que fotografiar, dormir sin un solo ruido, o simplemente disfrutar del placer de encender la estufa de leña y volver a casa “oliendo a chasca”.
Pero no sólo era aprendiz, otro recuerdo que guardo de él es el momento “profesor”, era mi Indiana Jones casero, porque un buen día, la clase del colegio empezó con mi padre como profesor, enseñándonos las maravillas de la arqueología, de la espeleología y de todo lo que a fósiles se refiriera, llegó a tener una vasta colección de más de 3000 ejemplares, algunos de ellos espectaculares y muy cotizados, a los que renunció para darnos a alguna de nosotras necesidades, comida o ropa. Cuando tenía algo menos de 30 años, yo le acompañaba al rastro de Madrid, a su puesto, para comprar y vender fósiles, y pulseras de cuero (que llevó hasta el último día)… qué hippie era! Y a mí me encantaba…
Era fiel a sus ideales, republicano como el que más, aún recuerdo la vergüenza que me hizo pasar el primer día que me llevó a votar, porque pese a todo, él era defensor a ultranza de este derecho/obligación, (decía que muchos murieron por darnos ese derecho y había que honrarlo), el caso es que me presentó delante de él, y después de votar Libertad, fue a la mesa, con la cabeza muy alta y diciendo, mi hija… enseñó su DNI, al lado de la bandera republicana que llevaba en la cartera… vergüenza total… pero la verdad es que lo recuerdo con mucho cariño.
Era ateo, como el que más, sobre todo, después de sufrir la muerte de mi abuelo. Y odiaba a la iglesia, pese (o quizás precisamente por) a haber ido toda su vida a un colegio religioso, y a ser parte del coro… pero no por ello criticaba a quien tuviera esas creencias, él era así, muy “hakuna matata”.

Físicamente era, a mi parecer guapete, más bien resultón, porque no es que fuera una belleza de cine, pero tenía su aquél, supongo que más por su personalidad que por su físico, aunque qué voy a decir yo, que soy su hija. Patillas de alambre con poco pelo, era un hombre “poco peludo”, el hombro se le salía un poco, haciendo que las camisas siempre le descuadraran. El pelo muy rizado que no fue cano hasta que cumplió los 50, más o menos, aunque creo que nunca me fijé demasiado, eso sí era tan rizado que muchos en el barrio le conocían por “el rulos”. Tenía, (debido a un accidente cuando yo era pequeña) el dedo índice algo doblado, y siempre, en broma lo levantaba y nos decía “así, así de rectas os voy a tener!”. Odiaba tanto afeitarse porque una vez hasta tuvieron que operarle para quitarle un bulto que le salió, precisamente por eso, por afeitarse, pero siempre lo hacía, porque le decíamos “papá, pinchas”, de vez en cuando sacaba su vena de joven rebelde y salía del baño con perilla, o con su “mosca”, y nos reíamos con él, hasta que era obligado a afeitarse bien. Pero con lo que más nos reímos, aunque a él al principio no le hizo gracia fue con una vez que vino de un reconocimiento de la empresa donde en ese momento, al leer el informe vimos “ginecomastia”, al no saber lo que era, le preguntamos preocupadas y en un susurro nos dijo “que tengo las tetas gordas”, no le oímos, así que le preguntamos “que tienes qué!?” y él ya a voz en grito nos dijo “QUE TENGO LAS TETAS GORDAS!!!”, lo que provocó un estallido de carcajadas que duró un buen rato, luego siempre bromeábamos con él con eso… como con el que siempre le dijéramos que era un viejo (porque o le llamábamos papá, o nada, pero eso de viejo se lo decía él a su padre), que cuando era pequeño, tenía que recorrer 100 Km a lomos de un dinosaurio para ir al colegio, y cosas por el estilo. Y pese a que fumaba como un carretero (de hecho, siempre le recuerdo con un cigarro, excepto cuando dormía o se duchaba), estaba sano como una rosa, ironías de la vida, siempre pensando que se lo llevaría un cáncer, y no fue así.

Mi padre era un ser goloso como su madre, aun mi hermana y yo, el año pasado le recordábamos el episodio del “papá Noel de chocolate”, y él nos decía “me lo vais a recordar siempre?” y es que un año, en navidad, a mi hermana y a mí nos regalaron sendos papás Noel de chocolate, a lo que él, por separado, nos pidió la mitad, ya que pobrecito, él no tenía. Cuando nos juntamos mi hermana y yo descubrimos que había hecho lo mismo con ambas, quedándose él con uno entero, y cada una de nosotras, con medio… se lo hicimos pagar a base de chucherías, pero siempre se lo recordábamos. Otra debilidad eran las torrijas, y los bocaditos de nata, los helados y bueno, en fin, cualquier cosa dulce que se pusiera en su mira telescópica.

Los animales ya he dicho que le gustaban, siempre recordaba a su san Bernardo cuando era pequeño, y a un perro que también tuvo, de esos enanos con mala leche, que le mordió, yo por aquel entonces no había nacido, pero lo que sí recuerdo era aquella pecera que me hizo de 300 litros, él, con sus manos (era todo un manitas), llena de peces que veíamos y alimentábamos juntos, cuando vivíamos con mis abuelos. Cuando ya en nuestra casa se instaló otra fémina, en este caso, felina… él refunfuñó (lo hacía a menudo) y dijo que no quería bichos en casa… pero poco después tuvo que reconocer tras pillarle tirado en el suelo dando saltos mientras jugaba con la gata, que le encantaba tener al bicho peludo que se acurrucaba a su lado en las siestas; y es que esa era otra, las siestas… las poses que adoptaba dormido eran comparables a las del CSI tras una caída del techo, seguido del momento “-despierta tú a papá –no, te toca a ti”, cuando mi hermana con un paraguas le daba toquecitos, mi padre era como una bomba cuando se despertaba, pegaba un bote tremendo moviendo pies y manos a su alrededor, y pobre del que estuviera en su trayectoria… se despertaba a espasmos! Luego, cuando nos veía en el suelo, con las manos en la cabeza, se daba cuenta de qué había pasado…

Nos enseñó que no hay nada imposible, si te esforzabas de verdad. Cosa en la que creyó y que aplicó en todos los aspectos de su vida, con mayor o menor suerte, igual que sus consejos, que creo, no se aplicaba a sí mismo. Era una persona excepcional, llena de cosas buenas. Y es que para una chica, no hay nada como su “papi”, la relación que se crea es un vínculo muy especial que te acompaña toda la vida.

Él era mi referente masculino, lo que buscaba en un hombre, cariñoso, romántico (aunque olvidadizo…), buen padre, buena persona, noble y con ideales, trabajador, divertido y generoso… cosa que quien conozca a mi marido, y conociera a mi padre, verá las similitudes, pese a que mi padre, últimamente no fuera quien fue, pero eso es otra historia…

Sé que esto que os cuento interesará a pocos o a ninguno, pero sólo quiero deciros que esto es el recuerdo, lo poco que me queda de mi padre y que de un día a otro perdí, sin posibilidad de darle un beso, un abrazo o decirle adiós. Por lo que os digo, aunque suene a tópico, que abracéis a vuestros padres y abuelos, los llaméis y visitéis, los beséis y les digáis lo mucho que los queréis y lo importante que son para vosotros, porque nunca, y digo bien, nunca sabréis cuándo os pueden faltar, y es muy duro despertar con una llamada tan dolorosa. Hace menos de un año que me falta y no hay día que no le añore, que no sueñe con que va a venir a mi casa a ayudarme a colocar una lámpara o que me va a escribir un mensaje al móvil… es realmente duro, así que aquellos que podéis, hablad con ellos hoy, dadles un beso, o un abrazo, y decidles lo mucho que los queréis, hacedlo por mi.

Siempre serás mi héroe, siempre seré tu minucha. Te quiero papá. Estés donde estés espero que seas feliz y estés orgulloso de mi.


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